Recursos Humanos

Economía del Comportamiento: una nueva forma de hacer política pública

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Por Beatriz Slooten, investigadora senior del CLACDS de INCAE.

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A pesar de conocer en detalle los beneficios del ejercicio físico, del ahorro, la alimentación saludable y del reciclaje entre otros, las personas no necesariamente toman decisiones cotidianas que impactan positivamente su salud física o financiera o la sobrevivencia del planeta. ¿Por qué a pesar de tener la información no se modifica la conducta?  

Si seguimos principios de economía básica, optimizar las utilidades debería de ser la mejor decisión, sin embargo la experiencia nos dice que no es necesariamente la opción más frecuente.  La psicología por su parte, nos ayuda a entender cómo las decisiones responden más a emociones y sesgos que a análisis racionales.

De esta combinación de visiones surge la economía del comportamiento; área que busca alcanzar el concepto de la optimización de utilidades de la economía por medio del entendimiento de las personas, desde sus emociones y comportamientos. A partir de estas visiones se diseñan intervenciones que guían las decisiones hacia mayores beneficios. Uno de los campos con mayor potencial para aplicar estos principios, es la política pública, considerando que la acumulación de decisiones individuales deficientes se convierte en problemáticas sociales.

Variadas y recientes investigaciones han demostrado la efectividad de estas aplicaciones. Por ejemplo, en EE.UU. se implementó exitosamente un sistema para promover la asistencia a las urnas por parte de la ciudadanía, esta  consistía en cambiar el mensaje tradicional de motivación por uno que incluyese una descripción de cómo cuándo y dónde votar. El resultado fue una mayor participación en la elección.  Estas herramientas también se han aplicado para reducir el ausentismo en las escuelas, mejorar la alimentación, aumentar la actividad física, mejorar la recolección de impuestos, aumentar la incorporación al sistema de pensiones voluntarias, etcétera.

En el ámbito municipal, esta herramienta resulta clave. Además del manejo de las patentes comerciales, planes reguladores, servicios básicos e infraestructura, los gobiernos locales tienen a su cargo la mayor parte de las políticas públicas que pueden impactar en la cotidianidad de las personas .  Gracias a la cercanía entre ciudadanía y  municipio, estas entidades cuentan con un mejor entendimiento de las problemáticas locales y una identificación más clara de las fortalezas y debilidades de la comunidad. Sin embargo, a pesar de ser las responsables de tanto, trabajan con poco. Las municipalidades tienden a tener menores recursos y en ocasiones trabas burocráticas y legales que impiden ejercer su labor de administrar una ciudad.

En este contexto, la economía del comportamiento puede ser una herramienta sencilla, eficiente y accesible para mejorar el desarrollo local. Las soluciones tradicionales a las problemáticas comunes de los municipios, implican costos políticos por cambios en normativa o soluciones onerosas. En contraste, la economía del comportamiento como herramienta nos ofrece resultados que parten del análisis de las decisiones individuales y nos permiten el diseño de políticas públicas eficientes que impacten las dinámicas comunitarias y nos lleven a transformaciones concretas en la calidad de vida de las personas.

 

 

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